La Urgencia Simbólica
La obra de Fernando se sostiene en lo que él mismo denomina urgencia simbólica: una necesidad visceral de traducir en materia lo inasible, de invocar aquello que no puede decirse y hacerlo presente en la superficie pictórica. No se trata de comunicar un mensaje, sino de dar cuerpo a una fricción interior, a una tensión que insiste hasta convertirse en huella.
Cada serie responde a una urgencia distinta: la memoria y la ausencia en Elegía de S, la reducción de la identidad en Retratos mínimos, la cartografía del espacio en Cartografías, o la recepción musical en For Alto. Todas ellas comparten un mismo impulso: excavar más allá de los límites del lenguaje, convocar lo que se resiste a ser nombrado.
La pintura aparece entonces como prótesis del pensamiento, como extensión que permite “rascarse el cerebro allí donde la mano no llega”. Es un gesto imposible, pero necesario, que convierte la emoción en baliza, señal precaria contra la caducidad de la memoria.
La urgencia simbólica no busca sentido, pero es evidente: se manifiesta en la materia, en la vibración del color, en la densidad del gesto. Es el motor que articula la práctica de Fernando y la convierte en un territorio de hallazgo permanente.